Sobre mí

Me llamo Irene Amor Martínez.

 

Llevo 14 años acompañando criaturas y familias en esta movida tan bestia que es la vida, la crianza y el aprendizaje.

 

Por cierto, soy fan irremediable de Raffaella Carra.

Ala, ya lo he dicho.

Soy maestra de profesión, en su día me puse a estudiar sin saber exactamente el por qué, y el día 1 vi que era lo mío.

Era la motivada de turno que hacía las tareas con todo el power y entusiasmo.

Ya en ese momento intuía una manera de entender la infancia diferente, más en sintonía con el sentido común y la escucha.

Porque aunque estaba motivadísima nivel diosa, muchas cosas no me encajaban nada.

Pero nada, es nada.

Hice las prácticas de la uni en una escuela que se parecía muchísimo a eso que un día soñé.

 

Allí se rompieron todos mis esquemas.

 

Era una escuela donde las personas adultas estaban relajadas, presentes y atentas mientras las criaturas jugaban libre y seriamente (de la seriedad y el juego hablamos en otro momento, no me tires de la lengua que tengo la mecha corta).

 

Para que te hagas una idea de lo que te hablo, te cuento una historia.

 

Un día una maestra se me acerca riendo y me cuenta esto:

 

Esta mañana me he encontrado a Mía con la cabeza debajo del grifo. Cuando le he preguntado qué hacía, casi ofendida me ha contestado: Sara, es que me estoy haciendo el tinte!

 

Todavía me río recordando aquella historia, y también muero de ternura por la complicidad y amor entre aquella niña y su maestra. 

 

Obviamente le pidió que parase y se secara, pero lo bonito de esta historia es que aquella niña hacía algo que le nació de dentro y su maestra le supo poner un límite sin hacerla sentir mal ni recriminar sus extravagancias. 

 

Aún hoy, 16 años después, sigo uniendo puntos de lo que allí se destapó.

 

Flipas.

 

Toda mi formación y casi toda mi experiencia laboral ha ido en esa línea, en cómo acompañar criaturas y familias desde la escucha, la iniciativa propia y el potencial que cada cual tiene.

No concibo otra manera de entender la vida, qué quieres que te diga.

 

Y mira que eso me ha supuesto sentir que no encajaba en repetidas situaciones.

 

 

Antes pensaba que no me importaba aunque en realidad estaba enfadada y sí me importaba. 

 

Con los años, la terapia y la gente guay que me quiere he aprendido a quererme bien, a ser sincera y a dejar de tener (tanto) miedo.

 

Esto de no encajar no me viene de nuevo, ya lo sentí cuando me di cuenta de que me sentía atraída por mujeres. 

Luego me corté el pelo, me lo teñí de rubio y me hice un piercing en el labio.

Imagínate: 17 años y en un cole de monjas que colapsaban cuando me veían por el pasillo JAJAJAJAJA.

 

Pero era buena alumna, así que aunque les jodía, un poco se callaban.

A todo esto, un momento de pausa para darle un aplauso a mi madre, que me facilitó la faena de salir del armario y tal cual me preguntó si me gustaban las mujeres y me abrió la puerta. 

 

Pim pam. Fue un alivio guapo, la verdad. Gracias, madre. 

 

Bueno, la cuestión es que me fui haciendo adulta, lo gocé lo más grande con las criaturas en las escuelas y un buen día mi pareja y yo decidimos ser madres.

 

Ser dos mujeres nos ha dado la oportunidad de gestar a las dos.

 

Primero fue el turno de Clara y nació Bru.

Cuando me puse yo, que si aún no te has dado cuenta soy una intensita, pues vinieron dos: Marcel y Pep.

 

Querías fiesta? Pues dos tazas JAJAJAJAJA.

 

Mi vida es bastante loca y a veces difícil. No te voy a decir que todo me va súper bien y es súper fácil y cantan los pájaros en mi ventana.

 

A ver, no.

 

Pero  disfruto de mi vida aunque mis hijos pequeños se suban a la mesa y tiren vasos y platos. 

Si te preguntas cuál es mi truco… Pues yo qué sé, no hay truco. 

Pero de vidas y estilos, los hay a patadas. 

 

Esta es mi manera de vivir y no tiene por qué ser la tuya.

 

Esto va de que tú sigas TU camino y que si lo necesitas aquí me tienes para echarte un cable. Ni te voy a dar consejos ni te voy a decir que hagas lo mismo que yo. Pero te aseguro que te puedo ayudar.

 

Mi objetivo es que hagas lo que a ti te llene y te encaje más. 

 

 

Aquí está la gracia.

 

 

Porque la realidad es que de normas, hay muchas.